¡Adiós Bertrand! “Hoy empieza todo” La crítica del gran Tavernier al sistema, tan actual como nunca.

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«Habrá pasado toda la vida y no habremos hecho nada», dice el protagonista, un director de una escuela rural de un pueblo en crisis, en ‘Hoy empieza todo‘, maravillosa película de Bertrand Tavernier con una crítica al sistema de corruptos, pasivos y burócratas que nos sitúa, con sorprendente actualidad, en el Aquí y Ahora. Y que nos sirve para homenajear al reciente fallecido autor cinematográfico.

Pensé que sería más fácil enfrentarse de nuevo a esta película, pero no es así.

Quizás hubiera sido más fácil y menos perturbador escoger cualquier otro de los grandes filmes que pululan por la historia del ácrata cineasta francés. Podría excusarme en sus producciones más vistosas, sus historias de otras épocas, qué sé yo, sus películas rodeadas de astros de la cinematografía gala o del romanticismo real adolescente.

Pero he ahí que esta cabecita mía no dejase de dar vueltas recordando nuestro presente más incidental y de manera machacona asediase persiguiéndome bajo un solo título: Ça commence aujourd’hui (Hoy empieza todo, se llamó en España), que, resumiendo, no me ha permitido enfrentarme a otra cinta que no sea ella.

Bertrand Tavernier rueda esta película, disfrazada de falso documental, mezclando actores profesionales con personajes reales, en 1999. Historia que escribe junto a Tiffany Tavernier y Dominique Sampiero (maestro durante más de 20 años y cuya experiencia como tal hereda el argumento).

El colegio infantil de Hernaing, pueblo francés cerca de Valenciennes, es la inspiración. Su director, Daniel Lefebvre (Philippe Torreton), y un equipo de dedicadas compañeras emplean su trabajo y aplicación a estimular la creatividad y el despertar humano e intelectual de los hijos de los vecinos de este pueblo minero, antaño próspero y ahora hundido bajo el fantasma del desempleo en más del 30% de su población (¿les empieza a sonar?).

Practicando con pasión su oficio, se darán de bruces con la miseria y podredumbre que les rodea, parapetada tras una burocracia y una política infames, que arrincona a la gente más desposeída y desesperada, relegando a todo un grupo social a la mayor precariedad y exclusión, y dejando señalados a los niños como las enormes víctimas.

El paralelismo cuasi perfecto con la situación actual de nuestro país es, por momentos, sobrecogedor. Su actualidad fuera de discusión nos sumerge implacablemente en el concepto olvidado del aquí y ahora.

La crítica demoledora a un sistema, social y burocrático, a las administraciones educativas y sanitarias, a los servicios sociales y la política en general, hace preguntarse si abrirse paso y enfrentarse libremente a lo establecido no es un derecho incontestable del individuo; si no hay que pensar que todo debe volver a empezar hoy, aquí, ahora.

El filme, que obtuvo una mención de honor y el Premio Internacional de la Crítica en el Festival de Berlín, donde arrancó la friolera de 30 minutos de ovaciones tras su pase, contó con el respaldo del público francés e internacional, consiguiendo el premio del mismo en el Festival de San Sebastián, así como el de la mayoría de la crítica, aunque fue silenciado en los palmarés de muchos festivales y no faltó la polémica entre entusiastas y detractores, uno de los cuales se encontraba en el entonces gobierno francés, cuyo primer ministro, Jospin, había ostentado la cartera de Educación en gobiernos de François Mitterrand.

El debate estaba servido. Durante algún tiempo, discutir entre las diferentes posturas que debe tomar el educador ante la sociedad y sus problemas estuvo en la calle y en los medios. ¿Tiene la escuela responsabilidades sociales? ¿Dónde debe fraguarse la educación y el futuro de una infancia desamparada: en las escuelas o en las oficinas de las diversas administraciones? ¿Es un problema de todos la falta de mínimos sanitarios, de alimentación, de alfabetización y compromiso con la infancia? ¿O es sólo de los padres y la familia? Todo lo aborda esta película, que no por sencilla es menos vehemente y en cierto modo extraordinaria.

No esperen una respuesta clara, tendrán que buscarla en ustedes a través de lo que ven, y, quién sabe, no está claro que todos lleguemos a la misma conclusión. Creo que el autor de esta joyita tampoco lo desearía, o al menos no parece ser su intención.

En alguna entrevista, Tavernier confesó su contento dando por bueno el resultado, ya que le constaba los casos de 18 personas que decidieron convertirse en profesores tras ver Hoy empieza todo. Esto suponía toda una victoria para el realizador, que aseguraba hacer  películas por amor a una música como el jazz o por admiración a un maestro de escuela. Son, según Tavernier, sus homenajes a gente que le conmueve.

La frescura de las interpretaciones y la falta de juicio hacia el comportamiento de los distintos personajes que se pasean por la narración le confieren un sentimiento de proximidad, que a veces puede hacer sonrojar al espectador, al sentirse tan cerca, casi como un voyeur, de la historia tan íntima, del otro.

A todo esto contribuye, de manera especial, la mayoritaria presencia en el reparto de personajes reales, no hablamos de actores no profesionales, sino de aquellos que en la realidad desempeñan los roles y las vivencias que nos muestra la pantalla, y por supuesto a un director que se inmiscuye con su cámara, tal que fuera un personaje más, creando esa sensación de acercamiento, lejos de la mirada habitual y contemplativa del cine. No porque esto último no sea bueno, sino porque lo que está contándonos necesita esa leve pero apabullante diferencia.

Y flotando entre toda esta marea de debacle social, frecuentemente olvidada, no sólo por los agentes sociales y las administraciones, sino, aún más lacerante, por la inmensa mayoría de los medios, Tavernier escoge la mirada de los niños (literalmente) para plantear un mensaje de supervivencia y regeneración posible, ayudado por el plano secuencia y una cámara, supongo, en mano, que se mueve de manera magistral entre los excluidos infantes y sus empeñados educadores. Todo ello sin que perdamos la noción de dónde estamos ni de qué se nos quiere contar.

Sí, esto encontrará en esta audaz película, la pobreza y el paro, los desahucios y la cotidianidad de familias, que, por 30 francos de entonces, subsisten una semana a base de cuadradas galletas secas y leche. Encontrarán irresponsabilidad política y movimientos nada deseables de burócratas, agentes sociales y administraciones. Pero también solidaridad, tolerancia, compromiso, imaginación, amistad, reflexión y amor.

Por supuesto, Hoy empieza todo es cine social con mayúsculas, si bien Tavernier no cede un instante al maniqueísmo de otros directores, ni se hunde en la sombra, sino que ofrece al espectador la posibilidad de encontrarse, a través de los personajes, con su batalla personal con la injusticia de toda una sociedad que ha preferido voltear la cara, con su propia expectativa, de sí mismo y de la colectividad. Desde ti y en este momento.

Porque, aunque no puedan creerlo, se trata de un filme optimista cargado de esperanzas. ¡Adiós Bertrand!

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