Trincheras

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Por momentos pareció entenderlo todo, eso del sabio, las hierbas y demás … Aquello que albergaba en  su entendimiento como serenidad -asumida con seguridad por la facilona, inmadura y machacona mediocridad- se había convertido en el reflejo preciso de que la verdad, el desinterés, la generosidad o la humanidad, no existían. Y ahora ¿qué iba a hacer él? Todo aquello en lo que se había sustentado tan ridícula teoría, comenzaba sin concesión a derrumbarse como un castillo de naipes, con la diferencia dolorosa de que su vida pesaba ahora, algo menos que una arma de fuego.

 

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