“Monkey Island” o la primera vez

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Carátulas de la saga "Monkey Island"
Carátulas de la saga “Monkey Island”

 

Por Juan F. Cabanillas

¿Por qué no escribo algo sobre videojuegos?

La idea me atrae, aunque me parece una tarea complicadísima. ¿Por dónde empezar? ¿Escribir sobre el último indie que va a causar sensación entre un público fiel aunque reducido? ¿Contar lo bien que me lo paso con el último blockbuster (léase Fallout 4) al que le dedico horas?, ¿Hacerlo desde el punto de vista de un humilde desarrollador, o desde los recuerdos y satisfacciones del jugón que llevo dentro? ¡Está claro!, el jugón es el que más disfrute me ha dado, y con esta decisión se responden todas las demás preguntas. Así que para empezar voy a hablaros desde esa perspectiva, de mi primera experiencia, de Monkey Island.

Cuántas veces he envidiado a quien experimenta por primera vez algo que me encantó: La primera vez que vi Batman (la del 89) o El Padrino, aquella que jugué al Day of the Tentacle o al Indiana Jones and the fate of Atlantis, la que escuché la Humoresque en Sol Mayor de Dvorak o el nocturno en Do sostenido de Chopin, la que leí El Regreso del Caballero Oscuro, de Frank Miller, o Watchmen, de Alan Moore, o la primera vez que oí a Bobby Darin cantar Beyond the Sea y Mack the Knife, o a Johnny Cash Ghost Riders in the Sky.

Me sigue fascinando todo esto, claro está, pero la primera vez es un momento irrepetible. Cuando veo a alguien que está disfrutando esa momento especial pienso ¡joder … qué suerte tiene!. ¿Pero Qué tienen que ver Chopin y Lucasarts?. Verán, soy de esos que piensan que algunos videojuegos están muy cerca del arte -cada vez menos, es cierto- y aunque se estén convirtiendo sistemáticamente en meros pasatiempos, aún sigue habiendo algunas verdaderas joyas de las que algún día hablaremos.

Y Monkey Island es “arte”, de ese tipo que deja huella en ti durante la infancia y que te llega a condicionar a la hora de tomar alguna de las siempre complicadas alternativas al afrontar un camino profesional a seguir. Bueno, quizás esto solo me haya pasado a mí ¿o no, quién sabe?.

Sea como sea, curiosamente mi primer contacto con la saga empezó a los diez años y con su ya tercera entrega. Fue con aquel juego que me prestaron para poder estrenar mi flamante PC con lector de CD-ROM, se trataba de “The Curse of Monkey Island”, e inevitablemente, las aventuras de Guybrush Threepwood contra el pirata fantasma Lechuck, tan divertidas, originales y sobre todo inteligentes, me fascinaron.

No solo yo fui fascinado por la saga del mono, también la poderosa casa Disney cayó bajo su influjo, tanto, que al no conseguir llegar a un acuerdo – supongo que económico – para llevar el juego a la gran pantalla, tuvo que conformarse con crear una “propia” basada en su espectáculo de parque de atracciones, cuyas semejanzas entre la aventura gráfica y esa otra cinematográfica, Piratas del Caribe, son indiscutibles. Seguro que os suena, un pirata amanerado y excéntrico, un malvado capitán fantasma, voodoo y esqueletos parlanchines, similitudes que nunca lo son por casualidad.

Una vez jugada y rejugada este tercera aventura de La isla del Mono junto a Guybrush, me encontré con el original, el que lo inició todo, The Secret of Monkey Island, 1990 (al que ahora podéis jugar con gráficos en alta definición, en su edición remasterizada). La saga de Monkey Island fue creada por Ron Gilbert, que acaba de pasarse por el Gamelab de Barcelona, y de cuya obra da para escribir largo y tendido. Sólo os contaré que con 18 años creó SCUMM, el motor que permitió diseñar todas las aventuras clásicas de LucasArts y que revolucionó todo un género como pocas veces ha ocurrido. Monkey Island nos pone en la piel de Guybrush Threepwood, un chico que quiere ser pirata y que para ello deberá superar las pruebas que le imponen los líderes piratas de la isla Melee. Con tal propósito el joven se enfrentará a una serie de pruebas y aventuras, como al desternillante duelo de espada (¿o debería llamarlo duelo de insultos?), a encontrar un tesoro secreto (la X marca el lugar) o robar el ídolo de la mansión de la gobernadora, de quien se enamorará perdidamente a primera vista. Lástima que ella también tenga como pretendiente al temible pirata Lechuck, que secuestrará a la amada y la llevará hasta Monkey Island, por lo que necesitaremos un barco y tripulación para iniciar su rescate y completar la misión.

Bajo esta premisa nos encontraremos rodeados, en una historia que engancha, de personajes ya míticos para sus adeptos: el vendedor Stan, Carla, la maestra de espada, la sacerdotisa voodoo (que te habla del futuro a la vez que intenta venderte otros juegos de la compañía), Meathook, Otis, Herman Toothroot y los caníbales; y de la mano de todos ellos muchos momentos inolvidables, como el contenido del tesoro de la isla Melee, la atención al cliente de LucasArts, y la cabeza brújula. A la inteligente e imaginativa aventura entre los ladrones del mar y el joven Guybrusht le acompaña una banda sonora de Michael Land que una vez que se escucha ya nunca se olvida y que resalta a la perfección un guión elaborado y sumamente entretenido.

Si lo habéis jugado seguro que compartís mi opinión y mi nostalgia, y si no, no sé a qué estáis esperando (yo cuando tenga un rato me lo pienso pasar otra vez, y con gráficos pixelados además). Estoy deseando volver a encontrarme al mono de tres cabezas o a insultar a un pirata con aquello de “…Tú peleas como una vaca“. ¡Creedme es un gran aperitivo! ¡Hasta la próxima!.

 

Autor:

Archivo 22-7-16 17 32 50

Juan F. Cabanillas

Desarrollador de aplicaciones móviles multiplataforma. Informático. Apasionado de la tecnología, los videojuegos, los cómics, el cine y las series.

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